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Arcoíris de Trazos

Poemarios

A la sombra de tu nombre

por Digemar Di Fleur · 19 de septiembre de 2026

Portada de A la sombra de tu nombre

Folletín poético

Dedicatoria

Dedicado al Creador de toda existencia, origen de cada idea y pensamiento, por otorgarme el aliento de la vida y el regalo de la palabra. Detrás de estas líneas está la pluma serena de quien encuentra refugio en la escritura, intentando hilar en letras las historias que el corazón dicta. De mi alma para ti, con la humilde esperanza de acompañar tu camino.

Voz sobre ella

Digemar es una voz que escribe desde el refugio del alma. Con una mirada serena y atenta, se acerca a los temas relacionados con la Biblia para ofrecer una visión distinta: más íntima, más humana, más luminosa. Sus versos nacen para resaltar a Dios y a Jesús, como pequeñas lámparas que iluminan rincones cotidianos del corazón.

Su escritura —tanto en prosa como en verso— es libre: no se rige por esquemas establecidos ni por reglas rígidas, sino por el ritmo del corazón y la sinceridad del momento. Esa libertad busca que la lectura sea fresca, cercana y acompañante, como una conversación tranquila entre amigos.

Para ella, escribir es un refugio: un espacio donde habitar la palabra, escuchar el silencio y tender la mano al lector que también busca compañía en el camino.

Desde su rincón de letras en Lara, Venezuela, cultiva su jardín literario con paciencia y cariño. Allí convergen la fe, la observación del día a día y el deseo de dejar un destello de esperanza en cada página.

Su proyecto, Arcoíris de Trazos, es un regalo que ofrece a cada visitante para brindar un momento diferente al leer algo escrito de manera diferente; en Arcoíris se reúnen esos escritos como un lugar donde la palabra acoge, consuela e invita a seguir caminando con luz propia.

Con cariño, palabras sencillas para alguien sencilla y diferente, de un autor anónimo.

Prólogo

Sean bienvenidos a estas páginas.

Este folletín poético nace del deseo profundo de rendir un tributo de gratitud y reverencia a Jehová, fuente eterna de vida, amor y luz. Cada verso trazado en esta obra busca ser una pausa en el andar cotidiano, una invitación a elevar la mirada y contemplar la belleza de lo sagrado.

Su autora ha encontrado en la escritura un canal para expresar las vivencias del espíritu y el asombro ante la creación. A través de una poesía sencilla y cercana, busca compartir destellos de fe y una sincera gratitud por la existencia.

La portada que invita a la lectura y embellece este humilde poemario es el fruto de un ameno encuentro creativo entre la autora y Géminis, una inteligencia artificial que se convirtió en pincel digital para dar vida, con magia y color, a las ideas pictóricas que la autora imaginó para esta entrega.

Que cada lector que recorra estas páginas encuentre en ellas un espacio de paz, un refugio sereno para el alma y una chispa de bendición para su vida.

Digemar Di Fleur

ÉL, JEHOVÁ

Eres la roca inamovible,
el principio y la eternidad,
el refugio donde el alma descansa
envuelta en plena verdad.

En ti todo cobra sentido,
en ti la esperanza es real,
respirar bajo tu mirada
es el regalo más celestial.

Jehová, Dios de mi vida,
Señor de la tierra y el mar,
mientras me quede un aliento,
tu nombre he de celebrar.

UN NOMBRE SIN IGUAL

Jehová, tu nombre no es un nombre que se inventó,
es un nombre que es,
significa la plenitud total.

Jehová dijo:
Yo Soy.
Y en esas dos palabras
cupo todo lo que existe,
y todo lo que aún no respira.

No dijo «yo fui»,
porque no tiene ayer.
No dijo «yo seré»,
porque no espera el mañana.

Dijo «Soy»,
presente eterno,
verbo sin conjugación,
luz que no conoce la sombra del tiempo.

Su nombre no lo señala:
lo «declara».
Es la existencia hablándose a sí misma,
es el ser que no necesita
que otro lo sostenga.

Jehová:
el que hace ser lo que no era,
el que sostiene lo que tiembla,
el que estaba antes del primer silencio
y estará después del último.
No es un título.
Es una respiración
que no se detiene.

«Yo Soy» —y en ese «Soy»
caben las galaxias,
el ala del insecto,
tu nombre pequeño
que él también conoce.

EL GRAN YO SOY, JEHOVÁ

Grandeza que no cabe en la lengua,
de germen primero, de gesto que crea.
de eternidad sin orillas,
de esencia que tiembla en la raíz de todo.

Es origen, de óvalo perfecto,
de ojo que mira sin cansarse nunca.
de hálito, de hilo invisible
que cose lo roto con aire y silencio.

Amor que no pide retorno,
de abrazo que envuelve sin apretar.

Jehová: cinco letras,
un universo entero
dormido entre los labios.

Alfa y Omega

Antes del primer latido,
ya eras.
Antes de que la luz supiera
que podía llamarse luz,
tú la nombrabas.

Eres la sílaba primera
y el último suspiro,
la semilla y la ceniza,
la pregunta y la respuesta,
el sol y la sombra.

No hay puerta que no cruces
al entrar y al salir.
No hay río que no seas
en su naciente y en su mar.

Alfa: el asombro de lo que comienza.
Omega: la paz de lo que ya descansó.
Y entre ambas letras,
todo lo que vive,
te pertenece.

JUSTICIA

No vienes con espada,
vienes con balanza de agua clara.
No gritas:
colocas cada cosa
en el sitio donde el alma
puede respirar.

Tu justicia no es castigo,
es orden devuelto al caos,
es la rama torcida
que vuelve a buscar el sol.

Donde el fuerte aplastó,
tú levantas.
Donde el silencio fue cómplice,
tú pones voz.

No hieres para corregir.
Corriges para sanar.
Y aun en la corrección,
dejas una semilla
de ternura para amar.

BRILLO Y RESPLANDOR

No brillas como el metal,
que deslumbra y se apaga.
Brillas como el rocío
cuando el sol lo descubre
y él no sabe que ardía.

Tu resplandor no quema:
ilumina.
No ciega:
revela.

Eres la lumbre quieta
detrás de los párpados cerrados,
el destello que queda
cuando ya no miras
y sin embargo ves.

Donde tocas,
la sombra no desaparece:
se vuelve translúcida,
se vuelve camino.

ERES COLOR

Color en flores, nubes y arcoíris.
Te escondiste en el pétalo
sin que nadie lo supiera:
un rojo que no es rojo,
es tu aliento encendido.

En la nube te hiciste
gris, dorado, violeta,
cambiando de vestido
como quien juega
a no ser reconocido.

Y un día, después de la lluvia,
te estiraste en el cielo
de punta a punta:
siete colores,
siete maneras
de decir «aquí estoy».

El arcoíris no es un arco.
Es tu firma
escrita con agua y luz
para quien mire hacia arriba
y recuerde mi promesa.

ERES MÚSICA

Estás en cada musicalidad de un trino.
Cada ave que abre el pico
te está cantando sin saberlo.
El gorrión, la paloma,
el colibrí que zumba
como una cuerda tensa.

No compusieron ellos la melodía:
la encontraron
como se encuentra un río
bajo la piedra.

Tú eres la nota
que estaba antes del oído,
el compás que sostiene
el trino tembloroso
del jilguero al alba.

Y cuando el bosque entero
canta a la vez,
no son mil aves:
es una sola voz,
la tuya,
repetida en plumas,
repetida en aire,
repetida en asombro,
repetida en amor.

ERES PODER

Jehová, tu voz sostiene el universo,
y con un solo aliento enciendes soles.
Los montes se inclinan ante tu mano,
los mares guardan silencio cuando hablas.

Y aun así, con ese mismo poder
que teje galaxias y detiene tormentas,
tocas mi hombro cansado
y me dices: «Hijo, yo te sostengo».

Eres Poder que no aplasta,
poder que siempre levanta.

AMOR PURO

No fue trueno lo primero que escuché de ti,
fue un susurro cálido, como madre que arrulla.
Antes de que yo supiera tu nombre,
ya tú sabías el mío, y lo decías con ternura.

Tu amor no tiene orilla, no tiene fondo,
no pregunta si merezco,
no espera que sea perfecto.
Solo abre los brazos
y dice: «Ven, aquí hay lugar».

BENEVOLENCIA INFINITA

Jehová, tú miras al pequeño
y no lo pasas de largo.
Al que nadie ve, tú lo nombras;
al que nadie escucha, tú le respondes.

Tu benevolencia es pan en la mesa del pobre,
es lluvia sobre tierra seca,
es una sonrisa tuya
cayendo como rocío
sobre lo más frágil de mi alma.

PERDÓN SIN DISTINCIÓN

Yo llegué con las manos sucias,
con el peso de lo que hice
y lo que no supe hacer.
Bajé la mirada, esperando juicio.

Pero tú tomaste mi silencio
y lo volviste abrazo.
Tu perdón no fue una sentencia borrada,
fue una puerta abierta,
un empezar de nuevo,
dicho con voz de primavera.

GRACIA ETERNA

No la compré, no la gané,
no la merecí con mis manos pequeñas.
Llegó como llega la luz:
sin pedir permiso, sin pedir nada a cambio.

Tu gracia, Jehová,
es el regalo que no esperaba,
la flor que crece en la grieta del muro,
el canto que nace
cuando yo solo tenía lágrimas.

FAVOR SIN IGUAL

Me miraste entre muchos,
y tu mirada se detuvo en mí.
No por lo grande, no por lo fuerte,
sino porque quisiste, porque te agrada.

Tu favor es un manto suave
sobre mis hombros desnudos,
es tu mano inclinada
hacia lo pequeño,
hacia mí,
diciéndome: «Te elijo. Te guardo».

BONDAD INAGOTABLE

Jehová, tu bondad no grita,
camina despacio,
se sienta junto al que llora
y no tiene prisa por irse.

Es la miel escondida en la palabra,
el descanso después del camino largo,
el «todo estará bien»
que solo tú sabes decir
sin que suene vacío.

Tu bondad me persigue suave,
como sombra fiel
en la tarde más larga.

MAGNIFICENCIA RESPLANDECIENTE

Levanto los ojos y te veo
vestido de auroras,
caminando sobre las nubes
como quien pasea por un jardín.

Tu magnificencia no cabe en un templo,
no cabe en un verso,
no cabe en mi voz temblorosa.

Y aun así,
dejas que te llame «Padre»,
dejas que te diga, bajito:
«Gracias, Jehová,
por ser tan grande
y tan mío».

MI CANTO A JEHOVÁ

Jehová, mi Dios amado,
luz que alumbra mi sendero,
en tu nombre encuentro calma,
en tu amor, un mundo entero.

Cuando la noche me cubre
y se entristece mi voz,
tu presencia me acompaña
como un rayo de sol.

Recibe hoy este canto,
nacido del corazón;
tú eres mi fuerza y mi guía,
mi esperanza y mi canción.

MANO DE JEHOVÁ

La mano de Jehová
dibujó los valles y el cielo,
puso estrellas en la noche
y flores sobre el suelo.

Con sus manos hizo al hombre,
le dio sueños y talento,
le dio fuerza para el trabajo
y esperanza para el tiempo.

Cada oficio, cada arte,
cada noble ocupación,
puede ser una semilla
cuando nace del corazón.

Jehová, bendice las manos
que trabajan con bondad;
que en cada obra realizada
se refleje tu verdad.

JEHOVÁ, MI REFUGIO

Cuando el viento se levanta
y amenaza la tormenta,
Jehová es roca firme
que mi corazón sustenta.

Cuando se apaga el camino
y me rodea el temor,
su palabra es una lámpara,
su cuidado, mi valor.

No temo andar por la sombra,
ni cruzar la soledad;
Jehová camina conmigo
con paciencia y lealtad.

En sus brazos hay descanso,
en su nombre, protección;
mi refugio está en Jehová,
mi escudo y mi canción.

GRACIAS, JEHOVÁ

Gracias, Jehová, por el día,
por el aire y por la luz,
por el pan sobre la mesa,
por la paz que das
y por tu hijo Jesús.

Gracias por cada mañana
que despierta mi ilusión,
por las manos que me ayudan
y el latido del corazón.

Gracias por la lluvia suave,
por la flor y por el mar,
por las veces que me caigo
y me vuelves a levantar.

Que mi vida sea un poema,
una ofrenda de gratitud;
que mis pasos siempre anuncien
la grandeza de tu luz.

EL DUEÑO DE LA VIDA

Antes de que nazca el alba,
ya conoce el cielo tu voz;
cada estrella te proclama,
cada vida habla de Dios.

Tú sembraste en nuestras almas
la esperanza de crecer,
la bondad para servirnos
y el valor para vencer.

En el campo y en la casa,
en el libro y el taller,
hay un don que tú entregaste,
hay un sueño por hacer.

Jehová, dueño de la vida,
hazme siempre comprender
que servir con amor sincero
también es una forma de creer.

SIEMPRE TE ALABARÉ

Si mi voz se vuelve débil,
si mis ojos pierden luz,
si se estrechan mis caminos,
seguiré buscando a Jehová.

Porque tú has sido mi amparo
en la tristeza y el dolor,
y has dejado en mis heridas
una semilla de amor.

Aunque cambien las estaciones,
aunque se oculte el sol,
tu bondad permanece firme,
como eterno resplandor.

Jehová, recibe mi vida,
mi palabra y mi fe;
mientras tenga aliento y sueños,
siempre te alabaré.

ERES BELLEZA

No hay pincel que dibuje tu lienzo,
ni cielo que abarque tu faz,
tu gloria es un brillo supremo,
portadora de perfecta paz.

En la flor que despierta al aurora,
en la luz que sostiene la tierra,
resplandece la suma belleza
que tu augusta presencia encierra.

Jehová, creador de los cielos,
tu hermosura no tiene rival;
es la luz que sostiene el alma
y la hace dichosa e inmortal.

TU BENIGNIDAD

Es tu mano la fuente eterna
que cobija a la tierna flor,
la que atiende al ser indefenso
con inmenso e infinito amor.

Tu bondad es la suave brisa
que acaricia la dura jornada,
es la miel que consuela al triste
y sostiene a la fe cansada.

Dios clemente, Jehová amado,
no hay medida para tu bien,
en tu gracia constante y pura
hallamos refugio y sostén.

UN SONIDO

A una sola palabra tuya
las estrellas empezaron a brillar,
colgaste la tierra en la nada,
le pusiste su límite al mar.

Tu poder trasciende los tiempos,
tu grandeza no tiene final,
es la fuerza que mueve los astros
y gobierna el orden universal.

Jehová, soberano y altísimo,
ante tu trono nos postramos hoy,
al mirar tu magnífica obra
reconozco lo pequeño que soy.

ESPLENDIDO AMOR

Un amor que no pide nada,
que se entrega sin condición,
que perdona, cuida y abraza
en la más profunda aflicción.

Es la llama que nunca se apaga,
el faro en la densa oscuridad,
el afecto sincero y sublime
que nos llena de serenidad.

Jehová, tú eres la esencia
de la vida y del verdadero amar,
un refugio sagrado y dulce
donde el alma prefiere habitar.

REFUGIO DE GRACIA

Tu mano sostiene los pasos
del que camina sin dirección,
tu ternura derrama alivio
sobre la pena y la aflicción.

Eres el árbol de sombra fresca
en medio del seco e intenso calar,
el favor que no tiene precio,
el regazo donde descansar.

Jehová, tu constante ternura
nos recuerda quién es el Creador:
aquel que bendice la vida
con un hondo e inmenso favor.

TU BENEVOLENCIA

Cuando el paso vacila en las sombras
y el error nos intenta nublar,
tu perdón como un río de gracia
nos vuelve a levantar y sanar.

No nos mides por nuestras faltas,
nos miras con íntima compasión,
como un padre que cuida al hijo
y le entrega su corazón.

Jehová, tu misericordia
es un manto de alcance infinito,
la certeza de un nuevo comienzo
que en la tierra y el cielo queda escrito.

DIARIA GRATITUD

Gracias te doy por la vida,
por la luz que alumbra el hogar,
por el aire que llena el pecho
y el pan que nos vienes a dar.

Gracias por cada respiro,
por la paz que calma el dolor,
por llevarme de la mano siempre
con tu fiel y divino calor.

Jehová, mi voz hoy te canta
con la humilde certeza del alma,
pues saber que cuidas mis días
es la fuente de toda mi calma.

Broche poético

Este folletín poético reunió poemas dedicados a Jehová, como un ramillete de voces que buscan nombrar lo sagrado con sencillez y ternura. Cada entrega fue un paso más en ese caminar hacia la luz, donde la palabra se hizo oración, refugio y compañía. No hubo prisa ni esquemas: solo el ritmo del corazón escribiendo lo que el alma necesitaba decir.

Así, entre versos libres y prosas que respiran, se tiende un puente de fe y belleza para quien lee. No se trata de enseñar, sino de acompañar; no de imponer, sino de ofrecer un destello. Que estas páginas queden como un sitio donde el lector pueda detenerse, respirar y sentir que, incluso en el silencio, hay una presencia que sostiene y abraza.

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